Atravesando el Desierto de Atacama, el más seco del mundo y cruzando la Cordillera de Domeyko, de 3.250 m.s.n.m., se puede apreciar alta y maciza la Cordillera de los Andes en todo su esplendor. A lo lejos el Gran Salar de Atacama, con su despliegue de minerales, semeja una blanca laguna en medio del agreste paisaje. Descendiendo a los 2500 m.s.n.m. se atraviesa por los caprichosos pasadizos de la Cordillera de la Sal, para salir y encontrarse cara a cara con el oasis. La verde y pequeña porción de un valle regado por dos ríos cordilleranos: San Pedro y Vilama, en cuyas cuencas permanece impávido frente a los rigores de un clima extremadamente seco, el pueblo de San Pedro de Atacama.

 

San Pedro de Atacama

es un pueblo blanco de construcción colonial hispánica

ubicado en medio del Desierto de Atacama,

Región de Antofagasta, Chile.

 

 

En los alrededores se puede observar impresionantes paisajes

cuya belleza y colorido,

producto de miles de años de formación geológica,

han llamado la atención de miles de personas que año a año visitan la zona.

El despliegue escénico de cordilleras, salares y volcanes se torna muchas veces sobrecogedor y

el intenso azul del cielo, despejado la mayor parte del año,

es el más espectacular fondo para un escenario infinitamente misterioso y solitario.

 

 

Una forma de vida sencilla que convive a diario con la naturaleza,

ha ejercido atracción sobre chilenos y extranjeros que se han trasladado a vivir al pueblo.

La población local, pertenecientes a la etnia Atacameña, se mezcla en las calles

con rostros provenientes de todo el mundo.

 

 

San Pedro ha sido descrito como un lugar místico, misterioso, ancestral, mágico.

Pero lo que en verdad hace especial a este pueblo,

es la intensa percepción del encuentro entre un pasado ancestral y un presente lleno de peculiaridades.

De una forma de vida que diariamente se recrea en los cálidos muros de adobe

de un pueblo que se adapta a los tiempos mientras mantiene tradiciones y costumbres,

en medio del silencio de un Desierto

que se despliega intenso y espectacular a su alrededor.

 

 

Al viajar por esta zona, se perciben sin duda los efectos producidos por las asperezas climáticas que envuelven a la Región de Atacama.

La sequedad, la radiación solar, los fuertes vientos, los bruscos cambios de temperatura entre el día y la noche,

son algunas de las características fundamentales de un clima dado a la aventura.

Entre los 2.000 y 3.500 m.s.n.m. el clima se caracteriza por tener una temperatura media anual de entre 12 y 13°C.

La oscilación térmica llega hasta los 35°C, con mínimas que superan los grados bajo cero y máximas sobre los 30°C.

 

 

Un poco de historia

En el año 1536, don Diego de Almagro, adelantado de Pedro de Valdivia, llegó a estas tierras buscando pacificar un territorio que se encontraba sublevado al igual que el resto de la comarca atacameña. Debido a los episodios sucedidos por la conquista española en las tierras cercanas, los indios habían abandonado sus aldeas llevando a las mujeres y niños hacia sectores más alejados, en las montañas, para evitar los evidentes signos de colonización que se oían venir. Quienes se quedaron en las fortalezas o Pukará intentando defender el territorio debieron enfrentar más de un ataque y sobrevivir a la ocupación territorial en permanente conflicto. Finalmente, Francisco de Aguirre decide poner término al episodio de insubordinación, en 1540, a través de la toma definitiva del Pukará de Quitor, en donde residía el grueso de la población india atacameña de la zona. Una vez ganada la batalla en donde flechas y piedras intentaron la lucha contra rayos luminosos y cortantes cual espadas, Aguirre ordenó degollar a 25 o 300 atacameños, un número aún no esclarecido. Lo cierto es que sus cabezas quedaron expuestas en los muros del pukará hasta la llegada de Don Pedro de Valdivia algún tiempo después.

Este episodio marca un quiebre radical en la historia de la cultura atacameña, desarrollada en los alrededores del Salar de Atacama y el Altiplano.

Se estipula que cerca de finales del siglo XVI debió fundarse San Pedro de Atacama , a partir de la edificación de la iglesia católica y al modo español.

Años después, por el año 1843, el explorador Rodulfo Philippi recorre el lugar describiendo el pueblo:

«Calles regulares se encuentran solamente cerca de la plaza, que está situada precisamente en la extremidad nordeste de la población; son derechas y se cruzan en ángulo recto. Las casas mejores tienen veredas empedradas. En lo demás de la población hay sólo caminos en vez de calles regulares, y las casas son distantes, rodeadas de huertas y campos, y a veces separadas por un trecho de desierto. Se hallan todas a poca distancia del rio de Atacama, cuyas aguas se agotan por los riegos antes de alcanzar la laguna. Por eso el pueblo tiene más de legua y medio de largo y sin embargo no tiene más de dos o tres mil almas. El mismo Gobernador no podía darme el número con más precisión. Está dividido en cinco «Ayllos» y hay un Alcalde a la cabeza de cada ayllo, cuya insignia es una baston con boton de plata. »

 

La historia de los Atacameños en el Oasis de San Pedro de Atacama y sus alrededores, nos han dejado interesantes vestigios de su riqueza y cosmovisión, apreciables en ruinas, fortalezas y valiosas e impactantes manifestaciones del arte rupestre del período pre-colombino. Lugares que es posible visitar con una adecuada conciencia de la delicadeza de su conservación y perdurabilidad en el tiempo.

La Arqueología

San Pedro de Atacama es denominada la Capital Arqueológica de Chile. Esto gracias a la labor desempeñada por el R.P. Gustavo Le Paige, misionero Jesuita radicado en San Pedro de Atacama en el año 1955. Su incesante interés en la recopilación y estudio de objetos arqueológicos que recogía en sus recorridos por los alrededores, lo llevó finalmente a crear lo que hoy es el Museo Arqueológico que lleva su nombre, actualmente en manos del Instituto de Investigaciones Arqueológicas de la Universidad del Norte. Fallecido en el año 1980, su legado ha traspasado las fronteras y las investigaciones en la zona se han multiplicado arrojando importantes datos que hoy permiten conocer más detalladamente la forma de vida y desarrollo de los primeros pueblos que habitaron la zona.

Esta tierra, extremadamente árida y seca, conservó en su seno los restos de hombres que para sobrevivir, tuvieron que conquistar los terrenos más inhóspitos del mundo. Fue esa misma aridez la que hoy nos permite saber más de los atacameños y de su rico patrimonio andino. La sequedad ambiente posibilitó la buena conservación de los cuerpos y materiales perecederos. De esta manera, las “momias” se presentan con sus vestiduras originales, tejidas en lana de auquénidos y plumas, junto a la cerámica y objetos de cuero, madera, cobre y bronce que se estimaron necesarios para el viaje a la otra vida. La excelente conservación de los cuerpos permite establecer el tipo de alimentación y efectuar diversos análisis para conocer causales de muerte y otros interesantes datos. Los objetos encontrados han dado luces de su forma de vida, sus trabajos y religiosidad. Esa cultura que enterraba a sus hombres en posición fetal, como queriendo volver al vientre materno de la “Pachamama”, con sus restos nos muestra directamente cómo eran, vivían y qué hacían los hombres de Atacama. Los restos materiales que mejor se han conservado en esta cultura, son los utensilios de piedra. Cuero, madera y hueso, han sucumbido en mayor grado frente al paso del tiempo.

Las tumbas y las viviendas más antiguas encontradas, corresponden a cinco mil años atrás, fecha en que datan los primeros rasgos de asentamiento en el oasis de San Pedro de Atacama. Estas viviendas son circulares, de piedra, reunidas en pequeños conjuntos. Un ejemplo de ellas son las ruinas de Tulor, que hoy en día se encuentran a disposición para la visita de turistas.

Este tipo de campamentos se fue multiplicando, poblando los lugares más propicios de las quebradas; encontrándose entre sus ruinas huesos de camélidos, roedores y aves, restos de Chañar y Algarrobo, desechos líticos de canteras y otros vestigios que permiten darnos una idea del aprovechamiento multiecológico de las diferentes alturas y propiedades del entorno.

San Pedro de Atacama se encuentra rodeado de sitios arqueológicos. El pueblo mismo está asentado sobre cementerios antiquísimos y no es raro encontrarse en cualquier paseo con una punta de flecha o un enterramiento, lo que lamentablemente ha originado el tráfico de piezas arqueológicas de gran valor.

 

Arte Rupestre
Una de las primeras manifestaciones del arte rupestre atacameño fue el desarrollado por grupos de cazadores transhumantes de guanacos, roedores y aves, básicamente presentes en las rutas de las caravanas, quienes completaban su dieta con la recolección intensiva de vegetales silvestres, lo que implicó el establecimiento de campamentos de ocupación estacional. En estos lugares, así como en sitios ceremoniales, grandes rocas y en los contornos de algunas quebradas, encontramos el reflejo artístico de una cultura que fue dejando sus marcas en el tiempo, marcas que hablan de su mundo interior y de la visión de su entorno.

Los grabados rupestres se elaboraron con tres técnicas distintas: la primera consistía en la aplicación con pintura de elaboración natural ya sean vegetales como  minerales, por encima de las piedras. La segunda, a veces combinada con la anterior, fue en bajo relieve, mediante el raspado de la capa superficial oxidada de las rocas, con lo cual resultaban dibujos claros que contrastaban con el fondo oscuro, conocidos como petroglifos.
Finalmente, una técnica más simple, pero grandiosa, consistía en la agrupación de piedras y rocas menudas y claras sobre un fondo oscuro, formando enormes diseños en las laderas de los cerros cercanos a las rutas de tránsito, llamados geoglifos. Uno de los sitios más conocidos se encuentra en el Salar de Pintados, cercano a Iquique. En algunos casos, estas obras constituían una verdadera señalética arcaica utilitaria de rutas, ya que  podían ser vistos e interpretados a decenas de kilómetros, gracias a la diafanidad del aire.
Los dibujos de este arte se han clasificado en tres grupos: geométricos (círculos, cuadrados, rombos y líneas quebradas); zoomórficos (figuras de animales, especialmente auquénidos, felinos y reptiles) y antropomorfos (figuras humanas estilizadas, a veces con bastones, arcos y flechas, en actitudes de caza o trabajo). Los diseños de animales y geométricos son representativos de las distintas fases de la cultura. Destacan las representaciones naturalistas de camélidos grabados sobre bloques de piedra encontrados en Puripica y que, seguramente, corresponden a algún culto de los primeros grupos pastoriles que se conocen en la región atacameña, revelando los primeros indicios de asentamientos o pequeños campamentos. Situación similar se encuentra en la Quebrada de Tulan (Peine), al sureste de San Pedro de Atacama, donde en piedras relativamente pequeñas, se grabaron hileras de camélidos y figuras geométricas. En Peine se concentra una de las pictografías más notables del arte rupestre, éstas se ubican en la llamada “Quebrada de las Pinturas”, en la cual encontramos representaciones provenientes en diferentes períodos de la historia del atacameño, existiendo miles de años de diferencia entre unas y otras. Para entender de mejor forma la distribución del arte rupestre en la región de atacama, se han clasificado por sectores:
Sector Chiu Chiu – Lazana: A lo largo del camino entre Chiu Chiu y Lasana se encuentran alrededor de 76 petroglifos, esculpidos en paneles de piedra liparita.  En estos petroglifos se muestran escenas de rebaños de camélidos y pastores que los guían. También hay dibujos geométricos con  forma de sol, de animales como avestruces, lagartijas, sapos, serpientes y, de figuras humanas vestidas con ajuares rituales y/o de representación social.  Es probable que la mayor parte de los petroglifos hayan sido realizados a partir del primer milenio de la era cristiana, donde la sociedad atacameña se une políticamente y se agrupa en señoríos. Los primeros petroglifos pudieron haber sido grabados alrededor del año 400 d.de c. cuando se inició la construcción del pukará, mientras que los últimos se hicieron en la época hispánica, por el hecho que se muestran hombres montados a caballo.
Sector Alto el Loa: El arte rupestre pre-hispánico en este territorio, se desarrolló desde 2.300 a.de c. hasta la llegada de los Incas. En una primera etapa, por el sector de Santa Bárbara, existen una concentración de arte rupestre en cuevas, que muestran figuras de camélidos naturistas representados en forma lateral, finalmente grabados en extensos paneles del llamado estilo Colina. Posteriormente, en el sector se desarrolló el estilo Taira, donde la mayoría de los diseños son camélidos y los motivos antropomorfos pasan a tener cierta notoriedad.  Las figuras fueron hechas mediante grabado, pintura y una combinación de ambas técnicas.  La heterogeneidad estilística del arte rupestre de Taira se asocia a su larga existencia en el tiempo (800 a. de c. y el 400 d.de c.) y su expansión por todo el territorio de Atacama cuya presencia se encuentra en varios sitios de la parte alta del río Salado y en la cuenca del Salar de Atacama. En el sector pre-cordillerano  del  río Salado, se encuentran bellas representaciones de  arte rupestre ubicadas en torno a sus  valles  y quebradas.

Sitio Taira